Fue el máximo pensador del cristianismo de la edad
media, doctor, eclesiástico y obispo católico.
Las ideologías de San Agustín radicaban en la espiritualidad
humana. Para él, llegar al cocimiento supremo radicaba en llegar a conocer a
Dios y su obra, ya que en Dios es el creador eterno y absoluto del mundo
material como lo conocemos.
En San Agustín de Hipona es esencial el conocimiento
del alma, que encamina al ser humano hacia en conocimiento de Dios.
Sin embargo, la única manera de llegar al conocimiento
era través de la iluminación divina. En donde Dios fungía como la luz que
esclarece toda idea y pensamiento, brindando discernimiento y claridad mental;
ya que, de cualquier otra manera, el conocimiento y las ideas provenían del
mismo ser humano y podían ser equívocas al momento de decidir entre las
verdades.
Postulaba que el humano era dual; compuesto por un cuerpo
y un espíritu, en donde el alma es una sustancia esencial y simple, distinta de
la materia e inmortal.
Para San Agustín, el libre albedrío era una responsabilidad
y personal y cada individuo debía responder por cada uno de sus actos y por lo
tanto promueve un locus de conducta proveniente del exterior, hacia el interior
y que algunos de los pensamientos y conocimientos del ser humano son innatos.
Basándose en el anterior punto, instituye la idea del
pecado original en la iglesia católica y propone a la confesión ante el clero
como medio para el perdón de los pecados, al mismo tiempo que elaboró un listado
de pecado divididos y clasificados en veniales y mortales, dependiendo de su nivel
de transgresión en contra de las leyes instituidas por Dios.
Bibliografías y vidas. (2019). San Agustín de Hipona.
Recuperado el 07 de junio de 2019 de
Peña., P. (2011). San Agustín de Hipona. El buscador
de la verdad. Recuperado el 08 de junio de

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